COCHABAMBA, 4 de enero de 2026 – El escenario político en el municipio de Cochabamba se calienta prematuramente con la confirmación de 12 candidaturas que buscarán la silla municipal en las próximas elecciones subnacionales.
Lo que debería ser un debate de propuestas para el desarrollo urbano, se ha transformado en un tablero de ajedrez donde la fragmentación y la "guerra sucia" parecen ser las estrategias dominantes.
Analistas políticos locales advierten que la proliferación de candidatos, muchos de ellos sin trayectoria previa en la gestión pública ni planes de gobierno estructurados, responde a una estrategia para dispersar el voto.
Existe una creciente preocupación ciudadana sobre si el interés de estos sectores es el bienestar del municipio o si ven en la alcaldía un "botín político-económico" para rearticular fuerzas de cara al futuro nacional.
Uno de los puntos más críticos señalados por los observadores es la procedencia de gran parte de los postulantes.
Se identifica que una mayoría significativa son exfuncionarios y militantes vinculados a la línea radical de Evo Morales. Según el análisis de coyuntura, este bloque busca recuperar el control territorial de la "Llajta", utilizando el municipio como plataforma de resistencia política.
El actual alcalde, Manfred Reyes Villa, cuya gestión es frecuentemente citada como una de las de mayor impacto en Bolivia, se encuentra en el centro de lo que sus seguidores denominan una "guerra despiadada". La actual coyuntura se caracteriza por:
Judicialización de la política: Una serie de denuncias penales que, según el entorno municipal, carecen de fundamento y buscan inhabilitar al burgomaestre.
Falta de propuestas alternativas: Hasta la fecha, los 12 aspirantes han centrado sus discursos en la crítica a la gestión actual, sin presentar proyectos concretos para resolver problemas estructurales como el agua, la basura o el crecimiento urbano planificado.
La falta de "sangre nueva" con experiencia técnica real coloca a Cochabamba en una encrucijada. Mientras la administración actual intenta mantener el ritmo de obras, la oposición se abroquela en una estrategia de desgaste que prioriza el derrocamiento político sobre el desarrollo metropolitano.
Con las elecciones en el horizonte, el ciudadano cochabambino deberá decidir entre la continuidad de un modelo de gestión que ha mostrado resultados visibles o una oposición atomizada que, por ahora, solo ofrece confrontación.




