Investigadores de la Iniciativa MAP advirtieron sobre el riesgo de una sequía severa en Bolivia durante 2026, asociada al desarrollo del fenómeno de El Niño, lo que podría afectar el acceso al agua, la producción agropecuaria y aumentar los incendios forestales, especialmente en la Amazonía boliviana.
Esta es una red de colaboración científica y técnica que trabaja en la región amazónica donde confluyen Madre de Dios (Perú), Acre (Brasil) y Pando (Bolivia) —de ahí su nombre “MAP”.Guías y diarios de viaje
El informe, basado en proyecciones de la NOAA,(Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos) señala que existe más de un 60% de probabilidad de que El Niño se inicie entre mayo y julio de este año, con un fortalecimiento progresivo hacia finales de 2026 e inicios de 2027.
El documento recuerda que eventos anteriores de El Niño han tenido efectos severos en la región amazónica compartida por Perú, Brasil y Bolivia, particularmente en el departamento de Pando.
En episodios como los de 1997-98 y 2015-16 —considerados muy fuertes—, así como el más reciente de 2023-24, se registraron sequías intensas que facilitaron la propagación de incendios forestales.
En Bolivia, estos fenómenos no solo afectan los bosques, sino también la disponibilidad de agua para comunidades y actividades productivas. La sequía reduce caudales de ríos, impacta la agricultura y eleva el riesgo de pérdidas económicas en zonas rurales.
Además, los incendios derivados de estas condiciones generan altos niveles de contaminación del aire. Según el informe, la exposición prolongada al humo podría reducir la esperanza de vida en la región entre dos y tres años, configurando un problema de salud pública.
Los investigadores advierten que el impacto de El Niño ya no es el mismo que décadas atrás. El calentamiento global está intensificando sus efectos, elevando temperaturas y agravando tanto las sequías como los eventos extremos.
Como ejemplo, el informe señala que durante el evento muy fuerte de 1998 la temperatura media fue menor que en 2024, pese a que este último fue un Niño de menor intensidad. Esto evidencia que el contexto climático actual amplifica los efectos del fenómeno.
“Estamos viendo la combinación de factores naturales con cambios provocados por la actividad humana, lo que incrementa el riesgo de sequías más intensas y prolongadas”, advierten los investigadores. Este escenario podría incluso generar daños irreversibles en ecosistemas amazónicos.
En el caso boliviano, los efectos de una sequía prolongada podrían sentirse en varios frentes: abastecimiento de agua, especialmente en comunidades rurales y ciudades intermedias. A esto se suma una menor producción agrícola y ganadera, por falta de lluvias y pérdida de cultivos.
Otro de los riesgos es mayor riesgo de incendios, como los registrados en años recientes y por último afectación a la salud, por humo y olas de calor.
El informe subraya que estos impactos no son aislados, sino que pueden encadenarse y agravar la situación económica y social en regiones vulnerables.
Ante este escenario, la Iniciativa MAP plantea una serie de medidas urgentes. Entre ellas, fortalecer los sistemas de salud, especialmente en atención primaria, y preparar planes de contingencia para garantizar el acceso al agua en comunidades y actividades productivas.
También recomienda ajustar los calendarios agrícolas para evitar el uso de fuego en 2026, así como implementar estrategias de control temprano de incendios para evitar su propagación.
Otras acciones incluyen preparar respuestas ante olas de calor —con énfasis en niños y adultos mayores—, mejorar el monitoreo ambiental y fortalecer la gestión del territorio para proteger ecosistemas que ayudan a mitigar los efectos del cambio climático.
Finalmente, el informe destaca la necesidad de apoyar a comunidades indígenas y zonas vulnerables con planes integrales de adaptación, así como mejorar la capacidad de respuesta frente a desastres ambientales.
Los investigadores concluyen que Bolivia enfrenta un escenario complejo si se confirma el desarrollo de El Niño en 2026. La combinación de sequía, calor e incendios podría tener efectos significativos en la economía y la calidad de vida.
Por ello, insisten en la importancia de anticiparse. La clave, advierten, no solo está en reaccionar, sino en prepararse para un fenómeno que, cada vez más, muestra impactos más intensos y frecuentes.



