Miércoles, 11 Febrero 2026
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Quillacollo: la política como negocio y no como servicio al pueblo

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Quillacollo, tierra de la integración de Bolivia y cuna de la venerada Virgen de Urkupiña, se ha transformado en el actual escenario de profundas contradicciones políticas, ambiciones personales y un evidente alejamiento entre la clase política y las verdaderas necesidades de la población.

Según la percepción recogida entre los propios quillacolleños, la preferencia electoral se concentra únicamente en algunos nombres conocidos.

Entre los candidatos que aún gozan de cierta aceptación ciudadana figuran Eduardo Mérida y Óscar Claros, mientras que Luis Santa Cruz aparece con una posibilidad mínima dentro del escenario electoral.

Más allá de estos nombres, el resto de los postulantes carece de respaldo visible o reconocimiento público.

Otros actores políticos como Héctor Cartagena y Charles Becerra prácticamente han desaparecido del radar político, confirmando el desgaste y la falta de conexión con la población.

A esto se suma un panorama electoral fragmentado, con más de 12 candidatos, muchos de ellos desconocidos para la ciudadanía, sin propuestas claras ni trayectoria pública que respalde su postulación.

Un caso que llama particularmente la atención es el del candidato del MAS, Armando Cabrera, quien participa bajo el rótulo de la agrupación Libre.

Pese a esta estrategia de “disfraz político”, su figura no aparece en las preferencias electorales, lo que refleja el rechazo ciudadano a viejas prácticas partidarias camufladas bajo nuevas siglas.

Para muchos vecinos, este proceso electoral deja en evidencia una dura realidad: la política en Quillacollo se ha convertido en un negocio y no en un servicio público.

Campañas millonarias, disputas internas, intereses personales y cálculos electorales parecen pesar más que los problemas urgentes del municipio, como la inseguridad, el crecimiento desordenado, la falta de planificación urbana y el deterioro de los servicios básicos.

“La mayoría de los candidatos solo aparece en época electoral, pero luego se olvidan del pueblo”, coinciden vecinos consultados, quienes expresan su frustración ante una oferta política saturada de nombres pero vacía de propuestas serias y compromiso real.

Quillacollo, símbolo de fe, integración y encuentro nacional, enfrenta hoy el desafío de recuperar el sentido ético de la política, entendida como un verdadero servicio a la comunidad y no como un simple instrumento para acceder al poder y a los recursos públicos. El mensaje ciudadano es claro: no basta con postular, hay que servir, y esa diferencia aún no se refleja en gran parte del actual escenario electoral.

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