LA PAZ, BOLIVIA – El panorama energético en Bolivia alcanza niveles de alerta crítica este mes de abril. Tras la eliminación de los subsidios a finales de 2025, el país enfrenta una crisis de abastecimiento de diésel que ha transformado las principales carreteras y avenidas en campamentos improvisados de transportistas que esperan, a veces por días, para cargar combustible.
A pesar del ajuste en los precios implementado en diciembre pasado —que situó el Diésel Oíl en 9,80 Bs y el ULS en 10,60 Bs—, la disponibilidad del carburante no se ha estabilizado.
La falta de divisas para sostener la importación del 86% del consumo nacional sigue siendo el cuello de botella que asfixia a la economía boliviana.
“Ya no estamos hablando de un problema de precios, sino de existencia física del producto en los surtidores”, señalan representantes del sector de transporte pesado en Santa Cruz.
La parálisis logística está comenzando a sentirse en los mercados locales, donde el costo de la canasta familiar refleja el incremento en los fletes de transporte.
Sector Agropecuario en riesgo: La cosecha de verano enfrenta retrasos críticos. Productores advierten que, sin combustible para la maquinaria, la seguridad alimentaria del país está bajo amenaza directa.
Importación Directa: Aunque el Gobierno autorizó la libre importación para privados, los precios de mercado (que superan los 13,00 Bs/litro) resultan prohibitivos para gran parte del sector productivo y de transporte.
Impacto en el Eje Troncal: En ciudades como El Alto y Cochabamba, las filas en las estaciones de servicio se extienden por kilómetros, afectando no solo al transporte de carga, sino también al servicio público urbano.
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) atribuye las demoras a "desafíos logísticos y de pago", mientras que desde el Ministerio de Hidrocarburos se insiste en que el flujo de cisternas es constante.
Sin embargo, la realidad en las estaciones de servicio contradice los reportes oficiales, alimentando un mercado negro donde el litro de diésel llega a triplicar su precio oficial.
Expertos economistas sugieren que, sin una inyección inmediata de dólares al sistema financiero o una reactivación real de la producción nacional (que hoy apenas cubre el 14% de la demanda), la crisis del diésel podría derivar en una contracción económica más profunda para el segundo semestre de 2026.



