La victoria arrolladora de Bolsonaro inaugura una nueva era en Brasil

El ultraderechista obtuvo un 46% de los votos, pero se quedó a un paso del poder y disputará una segunda vuelta el 28 de octubre con el progresista Fernando Haddad, que logró el 29%

 

“Brasil está al borde del caos y por esta razón no podemos dar un paso más a la izquierda”. Con estas palabras Jair Bolsonaro (Partido Social Libera, PSL), el candidato de la ultraderecha a la presidencia de Brasil, celebraba un resultado histórico a última hora del domingo.

Este excapitán del Ejército se hizo con el 46,08% de los sufragios, un resultado muy por encima de lo esperado y mucho mejor que el de su contrincante Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores, PT), quien sumó el 29,21% de los votos.

En su discurso de casi 15 minutos, la nueva estrella de la política brasileña agradeció a sus compatriotas por la confianza, citó a la familia y a Deus, su mejor aliado, y no olvidó de subrayar que, a diferencia del PT, su formación no pudo contar con un raudal de fondos públicos para hacer campaña.

Por haber no hubo ni candidato, ya que desde el 6 de septiembre Bolsonaro quedó primero hospitalizado y después aislado en su casa de Río de Janeiro, para recuperarse de un atentando con faca que destrozó su intestino y le impidió que hiciese campaña. Pero más llamativo de lo que dijo anoche en su discurso de agradecimiento, fue cómo lo dijo. Fiel a su afición por la inmediatez de las redes sociales, Bolsonaro apostó por una conexión en directo con una estética casera. El mensaje que quería enviar a sus electores era de austeridad y, al mismo tiempo, de cercanía.

A su lado, junto a la intérprete del lenguaje de signos, estaba Paulo Guedes, el autor de su programa económico y el futuro súper ministro de Hacienda que deberá implementar un programa neoliberal basado en privatizaciones y en la reducción de la maquinaria estatal. Con él se pretende sanear una economía mermada que crece tan solo un 0,4% y que acumula 12,7 millones de parados.

Silencioso y discreto, Guedes se limitó a desarrollar el papel de figurante durante todo el discurso. Mientras tanto, en la esquina izquierda de la pantalla aparecía de vez en cuando el general Hamilton Mourão, candidato a la vicepresidencia y ‘bocazas’ oficial del equipo. Mourão dijo en plena campaña que habría que suprimir la paga extra.

Ante el revuelo suscitado, Bolsonaro le habría pedido que mantenga un prudente silencio hasta la segunda vuelta para evitar más polémicas.

“Esta vez no se trata de echarle la culpa a nadie. Quien ha ganado estas elecciones no ha sido el poder financiero, ni los medios de comunicación que tradicionalmente apoyan a los conservadores, ni la máquina política de los partidos del llamado centrão. Quien ha ganado estas elecciones ha sido la nueva derecha. Ha sido una victoria aplastante”, señala Pablo Ortellado, profesor Gestión de Políticas Públicas de la Universidad de São Paulo. “EL PSL ha demostrado que con enraizamiento social y poco dinero es posible derrotar el establishment”, agrega.

El aspirante a la presidencia de Brasil no tiene reparos en admitir que lo ignora todo en cuestiones económicas, pero que no hay de qué preocuparse: cuenta con este controvertido economista

El triunfo de Bolsonaro se ha visto reflejado en unas elecciones generales en las que 147,3 millones de votantes brasileños estaban llamados a escoger también 513 diputados federales, 54 senadores (equivalentes a dos tercios del total), 1.059 diputados de las Cámaras de los Estados federados y 27 gobernadores. Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos de Jair, se ha convertido en el diputado federal más votado de la historia de Brasil, con 1,7 millones de votos. Este resultado supone un espectacular crecimiento del 2.030%. También cabe subrayar que Janaina Paschoal, la abogada que vertebró el impeachment contra la expresidenta Dilma Rousseff, se ha alzado como la diputada estatal más votada del Estado de São Paulo.

A estos datos hay que añadir que la propia Dilma Rousseff no ha conseguido ser elegida como senadora para el Estado de Minas Gerais y que en el Estado de Río de Janeiro ha triunfado el exjuez Wilson Witzel, del Partido Social Cristiano. Este personaje prácticamente desconocido para muchos cariocas ha logrado el 39% de los votos, casi el doble que el exalcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, el hombre que estuvo al mando del macro-proyecto olímpico. Witzel es un juez que se presenta como un bastión contra la corrupción y que defiende la importancia de la investigación Lava Jato, que ha logrado meter en la cárcel a decenas de políticos y empresarios brasileños.

En la etapa final de su campaña, participó en un acto político junto a Flávio Bolsonaro, otro hijo de Jair Bolsonaro que es candidato al Senado. Arrimarse al hombro del clan más poderoso de la extrema derecha le ha rendido muchos votos.

Es la quinta ciudad más rica de Brasil, campeona en creación de empleo y la sexta capital con la menor tasa de homicidios de Brasil. Y la intención de voto para la izquierda no pasa del 1%

Estos resultados son tan solo una pequeña muestra y, sin embargo, reflejan el sentir generalizado de los brasileños, que han apostado por el cambio y por lo nuevo, cueste lo que cueste. “No quiero ver el Partido de los Trabajadores nunca más en el poder. Nos hundió en la miseria en los últimos años. No quiero que Brasil acabe como Venezuela”, dijo Jorge, un funcionario de 50 años mientras votaba en el centro de Río de Janeiro. “Bolsonaro es el único político limpio, que no está siendo investigado y que puede sacar este país del caos. Necesitamos reducir urgentemente los niveles de violencia y de corrupción. Solo él puede hacerlo”, añadió Ana, una empresaria de 45 años.

El día electoral transcurrió de forma tranquila en Río de Janeiro. Quizás lo más llamativo es que muchos votantes llevaban pegatinas con el popular lema #EleNão, además de banderas de sus candidatos preferidos e incluso camisetas con logos o con la cara del expresidente Lula y de Bolsonaro.

También abundaban las camisetas de la selección brasileña, habitualmente asociadas a los electores de Bolsonaro. Otro detalle inquietante es que por la tarde empezaron a circular en las redes sociales fotos de electores con el arma apoyada en la urna electrónica.

En un vídeo subido a YouTube se ve incluso a un elector marcando el número 17 correspondiente a Bolsonaro con el cañón de su pistola. El ministro de Seguridad Pública Raúl Jungmann confirmó a última hora de la noche que este caso ha sido denunciado y que está siendo debidamente investigado.

El día electoral también estuvo marcado por las largas colas en los colegios, debidas a la implementación a gran escala de la biometría, un sistema empleado para controlar la identidad de los electores y que está basado en las huellas dactilares, en la foto y en la firma electrónica del votante. Otro aspecto a destacar ha sido el curioso fenómeno tropical del exhibicionismo electoral.

Muchísimas personas han publicado en sus redes sociales sus preferencias con todo lujo de detalles, indicando no solo el presidente de la república, sino también el gobernador de su respectivos Estados y los diputados y senadores preferidos. Este outing político ha generado muchas peleas familiares y rupturas de amistades.

Ahora quedan por delante tres semanas de feroz campaña política, en la que se van a enfrentar dos modelos opuestos de país y de desarrollo. Haddad ya ha anunciado que está negociando el apoyo de Ciro Gomes (PDT), que tiene el 12,47% de los votos, de Marina Silva (Rede) y de Guilherme Boulos (PSOL).

Y mientras los brókers adjudican la segunda vuelta a Bolsonaro, ya han empezado los contactos entre los futuros parlamentarios para garantizar la gobernabilidad.

Como quedó demostrado en 2016 con el impeachment de Dilma Rousseff, el Congreso es la institución con más poder de Brasil. Sin embargo, con 28 partidos elegidos en 2014, resulta bastante complicado forjar alianzas duraderas. La bancada evangélica y la ruralista ya han cerrado filas con Bolsonaro, lo que puede garantizarle una holgada mayoría en la próxima legislatura.

 

No puede decir lo mismo Fernando Haddad, que en caso de ganar la segunda vuelta, podría encontrarse completamente aislado en la Cámara baja y enfrentar una situación parecida a la del del segundo mandato de Dilma Rousseff, cuando la oposición férrea de los diputados impidió la aprobación de varias leyes, llevando el país a una situación de parálisis institucional.

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